miércoles, 9 de abril de 2008

Chiste



Me contaron que te vieron acostado
cerca de la cuneta.
Tenías la barba larga y el cuerpo
tapado con algunos diarios.

Me dijeron que sonreíste
cuando V te miró
y se dijo para sus adentros
¿No es éste Cabro Gamarra?

Juntabas unas monedas para
ir al ciber café de la esquina,
postear en blade brunner
y traspasar a la red tus escritos
garrapateados en hojas de diario

No lo entendí al comienzo
pero cuando te miré en cuatro patas
enfrentando a un pequeño conejo
blanco, indefenso y perdido
supe que eras tu Cabro.

Ahora te cierro los ojos
el conejo te ha destrozado el cuello
y se ha comido tu lengua. No queda
mucho de tu cuerpo, V se preguntará
en que lugar te metiste
y ya nadie volverá a mirar al vagabundo.
A ese que decían Gamarra.

EXPOSICIÓN

La mujer sapo
blanca como tisis
o celulitis -pese al sol
registra cuadros que no debieron ser pintados

como aquella morena cuya mano reventaste
en la fiesta del Partido Comunista.


Otros humanos:
un sociólogo Opus Dei
cabello largo-ideas cortas
que descree del artista
y no se la banca al millonario de las artes:
Gerardo Quijano Asediados



Otra -indígena sensible
con vestido de paria del pasado
besa al drogadicto de Planeta Enfermedad


Otra -ramera del intelecto
ostenta su lepra sin llegar a la emoción
criticando lo licuado de La Obra


El arte es un cadáver que respira:
el becerro de oro que se vierte en un candil
de limosneros sin talento
debatiéndose entre el vino y la cicuta.

martes, 8 de abril de 2008


El niño mira desde el fondo del pasaje a los demás niños con sus varitas de fuego artificial rodeando una criatura hipotética que se desvanece por y desde el acto del fuego y la noche. Tiene una tortuga marina en la mano. La ha sacado del acuario. Le está mostrando el mundo. El niño le está diciendo a la tortuga que lo que los otros niños hacen se llama Año Nuevo. También lo hacen los padres mientras observan, y lo hacen los incendios, los shows por tv abierta y cable. La tortuga se mantiene impertérrita frente al espectáculo, sin que el niño sepa ni le importe si el animal duerme o no, así la terquedad del maestro se equipara a la inconsciencia del discípulo. Mamá llama desde adentro y ambos pronto irán a la cama. Pero antes de que eso suceda, el niño le regala un último vistazo a su mascota. La tortuga elevada en el aire, las manos en el aire, mientras el niño camina paso a paso hacia el fuego. La danza de los pequeños crea un umbral de chispas y humo alrededor de los diminutos pasos, ocasionando que el niño cierre los ojos y aprete la tortuga contra su pecho al atravesar el manantial de luces y estímulos demasiado cercanos, demasiado llamativos y calientes. En cinco minutos estará de vuelta en casa, la tortuga en el acuario, y ya será de nuevo el primer día. El primer amanecer de nuevo. El desayuno del primer día. Las primeras palabras para mamá.

lunes, 7 de abril de 2008

Probabilidad

Usted tiene la misma
probabilidad de que le
caiga un rayo que yo
de ser poeta

Anímese, puede usted
salir en medio de una
tormenta eléctrica con
un pararrayos

Así como yo salgo con
mis libros a la calle.

Puede que funcione salir al techo
de una casa con antena
Puede que el editor
piense que soy bueno

Incluso es posible que algunos
De esos con boina y camisas rayadas
Me miren con desprecio por mis jeans sucios
Y no escuchar a Moby

Como puede irse todo al carajo. Terminar usted en cama y con fiebre

Mirando el techo, preguntándose ¿por qué el rayo fue a parar más allá.?
Pensando una nueva idiotez

No faltará el familiar que le
diga: te lo dije
no faltará el amigo que me
diga: no te desanimes

No lo hago, por algo estoy
afuera con un trozo de metal
levantado.

mi más sentido písame.

Se habla del tiempo de cosecha
y el tiempo de siembra:
el último caso, el de los
mejores amigos, el de los
infames que esperan
el desenlace,
la heterosexual resolución
de esa belleza víshual
adicta a la empaná.
Nosotros, en definitiva,
esperando, con dientes y muelas,
que la soltera se acuerde
de lo mucho que la amé y la amé
tanto. A Pablo Paredes.

Intento 1

(jugando a que hay palabras)



No,
a mi no hay nombres que me nombren
ni habitaciones que me contengan,
porque cuando crucé ese umbral
se me volaron los ojos
los pájaros
y los harapos
(sobre el cuerpo)

Cuando pasé
me quedé
-en el puerto de tu oído-
después de elegir
el lóbulo de esta oreja

… y sonreí

Hoy sabes que
sólo melodías me danzan
se marean
se pierden
y
se esfuman,

entonces canto

-en tu cuerpo-.

Esperando a Sara.

En el golpe del cuerpo contra sus baldosas de madera,
en los cigarros sin sentido y amarrados,
en canciones post-rock,
en hoteles que no se respiran, en plazas
que no se respiran.
En la falda de los fantasmas,
en un trono de lástima
no la veo,
no está.
No viene, no vino.
Nunca estuvo.
En caminatas videoclip
y en contemplaciones activas
que a veces parecieran ser la felicidad,
ni ella
ni eso
está.
Esperando a Sara,
Sarazul,
en paraderos de micro vibrando de miedo
y en los caminos de su frustración.
En lagunas de mierda trozadas al grito,
azotadas contra su vientre,
en la pesadilla y su destripamiento
de ella,
de eso,
no están.

Mi cuerpo.

mi cuerpo, mi último barrio
no trae aquí buenas noticias.
esta vida ya no es - si es que alguna vez lo fue -
una buena nueva, un entusiasmo nuevo.
más parece carta suicida
que poema de amor / que bandera de paz /
que consigna libertaria.
este corazón
ya no late
por lo que es y no es /
por lo que está y no está /
ni por lo que vio.
y sin embargo late.
un souvenir de la esperanza traicionada.
una pared manchada por la gente.
la memoria de este desprecio.


La otra orilla

Desaparezco en una Inmensidad que no conozco,
pero hace ya algún tiempo vengo delirando
en sueños de hoguera en brasas.
Inmensidad tornasolada a veces,
como párpados eternamente titilantes.
Y bajo esa Inmensidad
que es la sinuosidad de sus contornos
me repliego como en una danza única
al ritmo de la musicalidad cronometrada
de las respiraciones entrecortadas…
y así, despojo, te sumerges en mi piélago
de pétalos fragantes que a tu contacto,
de par en par, abre las aguas de este Nilo mío.

¿Ya cruzaste a salvo de la desidia hacia la otra orilla?

domingo, 6 de abril de 2008

Cuadernos

Para Pablo de Rokha
Las páginas blancas, estériles, sin contaminar, donde se representa sin saberlo todo el carácter de mi poesía suburbana, podrida, cargada de muertos, mutilada de manos y cosida en la boca; ahí donde la mujer estalla en su orgasmo autoinferido, donde los basurales de libros son depósitos de la muerte y entre ellos se ocultan bestias innombrables, en esos lugares están mis cuadernos y los hombres que me representan.

Tus gestos, Pablo, se me pegan, tus palabras me acompañan en el campo abierto, con sus manojos de acciones irremediables*, cuando todas las geografias del mundo se convierten en nada, no hay fronteras, no hay nacionalidades, apenas acentos distintos y una que otra lengua muerta. Mientras le gente ya no se mira a traves de sus ojos ni de los tuyos Pablo, ya no se miran solo se tocan.

Las palabras me abandonan, son marineros en un barco hundido, piratas que saltan a su suerte mientras el mar los espera ansioso. El fuego negro** reclama, aulla, pide a gritos lo liberen y corra por todas las venas; las de Rumel, las de Maori, las mías y a veces por las de Valentina.
Sismo grado 8 en la escala de mi cabeza, llena de telarañas, rincones malolientes. Toda la introducción para esperar el Tsunami.

*"Pablo de Rokha" por Pablo de Rokha
** Poema del mismo autor.