Nosotros no éramos de esa especie de cónyuges que se aburren profundamente o se insultan sin cesar, nosotros no éramos de esa especie, habíamos establecido un pacto tácito de no agresión y nos la pasábamos muy bien comentando jocosamente, todas las mañanas al despertar, los sucesos que habíamos vivido juntos el día anterior y que reflejaban la estupidez humana, la imbecilidad de los otros, nunca la nuestra que, por ese acuerdo tácito, se hallaba a salvo de nuestras viperinas voces. (...) Estar casados es comentar a dúo el mundo. (Enrique Vila-Matas, Una casa para siempre)jueves, 14 de febrero de 2008
Una casa para siempre
Nosotros no éramos de esa especie de cónyuges que se aburren profundamente o se insultan sin cesar, nosotros no éramos de esa especie, habíamos establecido un pacto tácito de no agresión y nos la pasábamos muy bien comentando jocosamente, todas las mañanas al despertar, los sucesos que habíamos vivido juntos el día anterior y que reflejaban la estupidez humana, la imbecilidad de los otros, nunca la nuestra que, por ese acuerdo tácito, se hallaba a salvo de nuestras viperinas voces. (...) Estar casados es comentar a dúo el mundo. (Enrique Vila-Matas, Una casa para siempre)sábado, 2 de febrero de 2008
So long my dear friends
viernes, 1 de febrero de 2008
Nunca fue tan breve una despedida
En silencio, mirando a la pared, estaba Pablo Rumel Espinoza, con el traje del bufón en los bolsillos y la corona rota en su mano derecha. No lloraba, pero estaba ausente, triste, como navegando por los mares infinitos de la saudade. De las sombras, un pequeño crujir delató la presencia de alguien. La noche declinaba y en un par de horas más amanecería.¿Quién está ahí? Dijo Rumel, apuntando con su chipote chillón, pues tenía una lucecita para la oscuridad. Soy yo, amigo, se escuchó una voz conocida, desde hace muchos años. ¿Quién es ese yo? Pregunto Rumel, mientras se masajeaba con las manos el cuello adolorido y rígido.
Soy yo, amigo. Y un hombre vestido con un traje estrafalario y la cara pintada salió a su encuentro. ¡El señor Francisco de Torres! ¿Pero qué hace por acá?
Vengo a conversar con usted. Así es que siéntese, sólo cállese porque tengo muchas cosas que decirle:
“Ya debe terminar con esta farsa, o se va hacer incomprensible ¡scht! Silencio. Yo hablo acá. Bueno, ahora tendrá que viajar y abandonar su nave blade brunner y dejarla en buenas manos. Esta lucha fraticida, que usted ¡sí usted! Ofreció, es un insulto a la dignidad. Ahora debe escoger de los siete, a los que piense que son idóneos para conducir la nave. Podrán ser los siete, o puede que sólo sea uno el indicado. Debe tener en cuenta que para estos menesteres, lo esencial es tener a alguien aguerrido, pero humilde. Disciplinado, pero irresponsable. Con experiencia en la vida, pero también con experiencia libresca. ¿No cree usted que la Princesa Collage no es apta para esto? Ella es una ácrata, no cree en nada, y menos creerá en un colectivo. Dejémosla con su triste desvarío, quizás algún día despierte de su ensueño infantil y se dé cuenta que la realidad es más compleja que su metro cuadro. Ahí estaremos para brindar con ella. Por otra parte tenemos al señor Súper Mosca, pero él es muy bueno para la bebida, las mujeres y el hueveo en general. Creo que hasta sería más cuidadoso con su muñeca inflable que con su pequeña fragata, amigo mío. Súper Mosca, Como no tiene otra responsabilidad que cuidarse a sí mismo, aún está muy chico como para emprender este viaje.
Discúlpeme interrumpirlo, señor, dijo Rumel, pero ¿ me está insinuando que Losario, Moyano, Galdós y Gammarra son los más ideales para esta situación?
No sé, compadre. Eso usted lo verá antes de partir. Ahora yo, le regalo con todo mi cariño un poema, para que lo guarde y lo tenga clavado en su pecho, como si se tratase de una rosa bienintencionada. Ponga atención, que se lo voy a declamar primero:
El toro por las astas
Esta es la semilla.
Puede ser, dirá alguno/ Que aún no he tomado al toro por las astas./ Puede ser que el minuto, mi minuto/ Aún no se atreve a suceder./ Tal vez, el río de Heráclito / No ha querido tocar mis pies/ No ha querido/ Reírse en mi cara.
Lo cierto es que la barca/ Que me conduce hacia esa orilla/ Que puede ser la vida o el tormento/ Ha dejado de ser la palabra./ Lo importante es no vivir en ella, / Quemarla, sucumbir, zozobrar.
Trastabillo a cada instante/ Bajo la capa gruesa del lenguaje/ Me supera, inunda
Me han disfrazado de institución/ De pellejo docente academicista./ ¡No puede decir esto, señor/ Qué va contra las reglas!
Me han vestido de sacerdote/ De bufón y proxeneta/ Me han quemado las ideas,/ Me han violado el corazón.
Alguna vez anoté:/ Sólo bebo lo necesario / Para escribir un verso./ Hoy aseguro que ese verso/ Ha dejado de beber y ha comenzado/ A vivir.
El toro imprudente de la literatura/ Impetuoso, galopante/ Mira el rojo furioso de la inercia/ Del aquel que no sabe qué decir, /qué mentir, o aseverar.
La palabra se encuentra, como dice Pablo,/ Agusanada, caduca. / Más, con ingenuo optimismo digo/ Que siempre queda algo que masticar/ Aunque el hedor de la rima apeste/ Pese a la putrefacción del los sentidos.
Dolorosa verdad / No he tomado al toro por las astas/ ¡No he tomado al toro por las astas!
Pero pronto, lo tomaré por la cola,/ Por las bolas, por las ancas/ Y lo sacudiré hasta que se seque/ El lenguaje, (si es que existe) / Tomará alguna forma/ En mi lengua bífida y acallada.

¡Bravo señor bravo! Exclamó Rumel. Al fin tengo a una persona que me entiende y que me aconseja de verdad.
No sea ridículo, gritó de Torres, todos lo entienden y lo aconsejan, pero de distinta manera. Yo sólo coincidí con su actual estado de ánimo, pero así como yo pude hacerlo, cualquiera puede hacerlo, y todos podemos hacerlo con todo el mundo. Los consejos, se entiende, no sea pasado de la punta señor Rumel. Vamos ahora a tomarnos una cerveza y a comernos una longaniza de Chillán, de las que le gustan a Ud… de postre una sandía ¿qué le parece? ¡Bah! Pero si ya está amaneciendo, pero qué va, vamos a hacer resacosix en la barra. ¡Salud!
Y corriendo y saltando como locos se alejaron de la nave... ¿quién podrá decirnos si este par de locos volverá algún día a mí? Al menos ellos tienen el impulso para volver, y con eso ahora nos baste a todos. Un hasta luego pues, señor de Torres y señor Rumel. El redactor fantasma de esta barca espera a otros marineros, para que ojalá con coraje e imaginación, sepan conducirme por tormentosas y turbulentas aguas.
------
martes, 29 de enero de 2008
Identidad suspendida, de Sergio Alejandro Amira
Ilustración de Ángela González(¡Es un deber de todo ñoño comprarlo! Jorge Baradit)
El narrador protagonista, cuyo nombre no se revela durante la primera parte del viaje, trabaja para una misteriosa Compañía de la cual no se sabe ni su origen ni sus fines concretos. La acción transcurre en un Chile anacrónico, donde hechos como el bombardeo a la Moneda, el atentado contra Pinochet en el Cajón del Maipo o la organización de grupos terroristas de izquierda, son atravesados por una lógica perversa, un desrazonamiento que siempre pretende revisar los hechos, y tratar de señalarnos que algo más allá de lo que vimos en la prensa o en la televisión sucedió.
¿Quién es el protagonista de la novela? ¿Qué hace junto a un tal Gabriel, del cual no sabe muchas cosas ni tampoco entiende qué hace a su lado? Uno de los ejes más obvios y seguramente más comentados, es la entropía y el desorden temporal de la novela, como además las dudas entre lo que es la realidad y lo que no. Basta con leer el mito de la caverna de Platón o ver Matrix para trabajar o analizar este aspecto.
Yo, por mi parte, prefiero abordar lo menos obvio, que es la constante indeterminación del protagonista ante los hechos que van sucediendo. Gabriel, su compañero de trabajo, aniquila de manera violenta a las víctimas, cumpliendo de manera poco ortodoxa todas las órdenes que emanan, o aparentemente emanan, de la Compañía, siempre amenazante e imponente. El protagonista, que cumple sin saber el mismo bien por qué (una situación muy kafkiana, como el edicto imperial de la construcción de la Muralla China) trata de minimizar el dolor humano de los objetivos, y para ello evita la tortura y el dolor innecesario. Pero Gabriel, el perverso y despiadado ángel Gabriel, persiste en fracturar, quebrar, quemar, violar, despellejar y mutilar a sus víctimas. Un guatón Romo de la dictadura, una negra rata sin corazón, un androide o algo similar, intuye el protagonista, pues no puede explicar cómo tanta maldad puede albergar un ser humano.
Un tratado ético pero escondido con una estética ochentera, de dibujos animados, una novela realista menor para adolescentes que a su vez se solapa de novela fantástica. Un juego de espejos para despistar a los escritores serios de ciencia-ficción, y sobre todo a la seria crítica que no verá en este texto más que un pop vulgar y desechable; en todas estas cosas radica su fortaleza, revisa los mitos bíblicos y del Santo Grial, la historia de Chile y su extraña política exterior, las series animadas que vimos los que vivimos en los ochenta o nacieron en los setenta. Podríamos agregar, para finalizar, que las cuestiones éticas son sólo mostradas, señaladas, tarea fundamental del creador, que sólo debe encargarse de registrar y de sembrar las dudas en el lector. Una pieza sencilla pero con complejidades escondidas, que invitan al lector a que forme las suyas propias.
¿Quién es el protagonista de la novela? ¿Qué hace junto a un tal Gabriel, del cual no sabe muchas cosas ni tampoco entiende qué hace a su lado? Uno de los ejes más obvios y seguramente más comentados, es la entropía y el desorden temporal de la novela, como además las dudas entre lo que es la realidad y lo que no. Basta con leer el mito de la caverna de Platón o ver Matrix para trabajar o analizar este aspecto.
Yo, por mi parte, prefiero abordar lo menos obvio, que es la constante indeterminación del protagonista ante los hechos que van sucediendo. Gabriel, su compañero de trabajo, aniquila de manera violenta a las víctimas, cumpliendo de manera poco ortodoxa todas las órdenes que emanan, o aparentemente emanan, de la Compañía, siempre amenazante e imponente. El protagonista, que cumple sin saber el mismo bien por qué (una situación muy kafkiana, como el edicto imperial de la construcción de la Muralla China) trata de minimizar el dolor humano de los objetivos, y para ello evita la tortura y el dolor innecesario. Pero Gabriel, el perverso y despiadado ángel Gabriel, persiste en fracturar, quebrar, quemar, violar, despellejar y mutilar a sus víctimas. Un guatón Romo de la dictadura, una negra rata sin corazón, un androide o algo similar, intuye el protagonista, pues no puede explicar cómo tanta maldad puede albergar un ser humano.
Un tratado ético pero escondido con una estética ochentera, de dibujos animados, una novela realista menor para adolescentes que a su vez se solapa de novela fantástica. Un juego de espejos para despistar a los escritores serios de ciencia-ficción, y sobre todo a la seria crítica que no verá en este texto más que un pop vulgar y desechable; en todas estas cosas radica su fortaleza, revisa los mitos bíblicos y del Santo Grial, la historia de Chile y su extraña política exterior, las series animadas que vimos los que vivimos en los ochenta o nacieron en los setenta. Podríamos agregar, para finalizar, que las cuestiones éticas son sólo mostradas, señaladas, tarea fundamental del creador, que sólo debe encargarse de registrar y de sembrar las dudas en el lector. Una pieza sencilla pero con complejidades escondidas, que invitan al lector a que forme las suyas propias.
.
.
Blog del autor: Sergio Alejandro Amira
.
¿Cómo obtener el libro? Fácil, sólo escriba a caro.data.archangeli@hotmail.com y recibirá las instrucciones pertinentes.
.
.
Bonus Track:
domingo, 27 de enero de 2008
La antología del perro rabioso

La grandeza del perro
Uno dice: me cargan los perros, siempre babean y andan dando lástima, una mierda de animales.
El otro responde: ¿ah sí? ¿Te han agarrado a palos una noche entera? ¿Te han apagado colillas de cigarros en el lomo? ¿Has dormido un mes a la intemperie?¿ Has tenido que comer porquerías de la basura?¿Has tenido que luchar a muerte contra una jauría de perros para quedarte con la hembra?¿Has conocido la sed brutal, los martillazos en el hocico? ¿Ah? Y después dicen que los pobres perritos dan lástima, me gustaría que vieras una pelea entre dos perros rabiosos, o luchando al lado de su amo, para protegerlo.
I
El perro canalla y lameculos/ el perro llorón/ se hace hombre/ Cuando se transforma en Lobo Estepario./ lo mismo ocurre en el desviado y perverso mundo/ de los hombres/ criaturas compasivas y dignas de compasión/cuando lloran a los lomos de una madre/o de una mujer.
El Lobo Estepario no llora, / aúlla, ladra, se rompe a cabezazos la testa contra la nieve/ contra los árboles salpicados de blanco/ en la soledad de sus tierras yermas.
II
Perro aullando tu luna mordiendo los rostros de los niños devorados/ la rabia se espuma en tu hocico hormigueado/ dos gatas te miran por la ventana/ y cierto poeta menor te subestima /la grandeza del perro, / la grandeza de la bestia que guarda en sus patas/ la furia del invierno y la dureza de la soldad miserable/ el perro lazarillo guiando los pasos de la sombra/ aúlla a la luna porque su perra lo dejó/ perro duro de lomo estepario.
III
El tigre real, el amo, el solo, el sol/ de los carnívoros, espera,/ está herido y hambriento,/ tiene sed de carne,/ hambre de agua. (Eduardo Lizalde, El tigre real)
El perro de Jack London me espera en la ventana/ su hocico desmesurado crece bajo la nieve/ y sus colmillos refulgen superando al lobo/ en su destreza suicida y su pecho impecable/ limpio y puro como la nieve;/ el perro es superior al gato/ felino venido menos/ sólo el tigre supera al perro.
IV
En un cementerio/ dos perros se disputan la carroña del amo/ de Satanás/ y sus hocicos se muerden las encías/ sangrando la espuma y los huesos rotos/ se desfiguran en un intento vano y canallesco/ la noche;/ el día llega/ y los dos perros siguen machacándose/ hasta transformarse en jirones de pelo y de carne.
La antología del perro rabiosoUno dice: me cargan los perros, siempre babean y andan dando lástima, una mierda de animales.
El otro responde: ¿ah sí? ¿Te han agarrado a palos una noche entera? ¿Te han apagado colillas de cigarros en el lomo? ¿Has dormido un mes a la intemperie?¿ Has tenido que comer porquerías de la basura?¿Has tenido que luchar a muerte contra una jauría de perros para quedarte con la hembra?¿Has conocido la sed brutal, los martillazos en el hocico? ¿Ah? Y después dicen que los pobres perritos dan lástima, me gustaría que vieras una pelea entre dos perros rabiosos, o luchando al lado de su amo, para protegerlo.
I
El perro canalla y lameculos/ el perro llorón/ se hace hombre/ Cuando se transforma en Lobo Estepario./ lo mismo ocurre en el desviado y perverso mundo/ de los hombres/ criaturas compasivas y dignas de compasión/cuando lloran a los lomos de una madre/o de una mujer.
El Lobo Estepario no llora, / aúlla, ladra, se rompe a cabezazos la testa contra la nieve/ contra los árboles salpicados de blanco/ en la soledad de sus tierras yermas.
II
Perro aullando tu luna mordiendo los rostros de los niños devorados/ la rabia se espuma en tu hocico hormigueado/ dos gatas te miran por la ventana/ y cierto poeta menor te subestima /la grandeza del perro, / la grandeza de la bestia que guarda en sus patas/ la furia del invierno y la dureza de la soldad miserable/ el perro lazarillo guiando los pasos de la sombra/ aúlla a la luna porque su perra lo dejó/ perro duro de lomo estepario.
III
El tigre real, el amo, el solo, el sol/ de los carnívoros, espera,/ está herido y hambriento,/ tiene sed de carne,/ hambre de agua. (Eduardo Lizalde, El tigre real)
El perro de Jack London me espera en la ventana/ su hocico desmesurado crece bajo la nieve/ y sus colmillos refulgen superando al lobo/ en su destreza suicida y su pecho impecable/ limpio y puro como la nieve;/ el perro es superior al gato/ felino venido menos/ sólo el tigre supera al perro.
IV
En un cementerio/ dos perros se disputan la carroña del amo/ de Satanás/ y sus hocicos se muerden las encías/ sangrando la espuma y los huesos rotos/ se desfiguran en un intento vano y canallesco/ la noche;/ el día llega/ y los dos perros siguen machacándose/ hasta transformarse en jirones de pelo y de carne.
01- Avalanch - Aún Respiro
02- Ars Amandi - Un Lugar
03- Hielo Negro- El Lobo Estepario
04- Dogma - Instinto Asesino
05- De/Vision - A New Dawn
06 -Rage-Insanity
07- Iron Maiden- Where Eagles Dare
08- Paradise Lost- Fallen Children
09 -Julio Sosa- Otario que andás penando
10- Quiet Riot- Metal Health
11- Cuentos Celtas- Monólogo con ron
12 -Extremoduro- So payaso
13- The Darkness- I Believe In A Thing Called Love
14- Vision Divine- Forever voung
15 - Gardenian- Small Electric Space
16- Helloween - I Can
17- Opeth- Isolation Years
18- Astor Piazolla -A don Nicanor Paredes
19- Tierra Santa- Drácula
20- Noir Desir- les persiennes
http://rapidshare.com/files/86872771/La_antolog_a_del_Perro.rar.html
domingo, 20 de enero de 2008
Cómo se destruye un ser humano

Desconoció en los hombres a sus prójimos; su soledad comenzó a agrandarse hasta hacerse insoportable. Veía con envidia a los demás, a esos seres incomprensibles que nada sabían y que ponían todo su espíritu, liberalmente, en mezquinas ocupaciones, que gozaban y sufrían en torno a un Pablo solitario y gigantesco, que respiraba por encima de todas las cabezas un aire enrarecido y puro, que recorría los días requisando y detentado los bienes de los hombres.
(Pablo, Varia Invención, de Juan José Arreola)
Para conocer el mecanismo psicológico de la mujer, hay que tratar a muchas, y no elegir precisamente a las ingenuas para enamorarse, sino a las vivas, las astutas y las desvergonzadas, porque ellas son fuente de enseñanzas para un hombre sin experiencia.
( Aguafuertes porteñas, de Roberto Arlt)
Nadie a otro ama, sino que ama/ lo que de sí hay en él, o es supuesto./Nada te pese que no te amen. Te sienten/ quien eres, y eres extranjero./Procura ser quien eres, te amen o no./Firme contigo, sufrirás avaro/ de penas.
(Odas de Ricardo Reis, de Fernando Pessoa, el fragmento no lo recuerdo porque lo cito de memoria)
Siempre he encontrado a Roberto Arlt un tipo muy encachado, no sólo por su estatura y su pinta de tahúr, sino también porque siempre vivió soltero, además de que fue apostador, putero, borracho, periodista y escribía tan mal, que de lo puro mal escribía bien (basta con leer El juguete rabioso).
Recuerdo una anécdota, que no viene a cuento, pero me ocurrió hace tres años en Valparaíso, donde vivía con una pareja de filósofos y un gay no declarado. Este compadre, que le gustaba ir a visitarme a la pieza, más seguido que lo común, se sentaba en mi cama y comenzábamos muchas charlas sobre lo sagrado y lo profano. Una de esas tarde de coloquio, en la montonera de libros de mi velador, el mentado seño tomó el libro El juguete rabioso, y empezó a decirme algo así como: huuuu, ¿te gusta el juguete rabioso? Con una cara libidinosa que me turbó un poco, turbación que rompí con la siguiente frase: ¡claro! ¡Igual que tú! Y le hice un pato Yánez.
Otra talla me pasó en Argentina, en un hotel de Córdoba, pero esta fue un poco espeluznante. El libro que leía era Formas Breves, de Ricardo Piglia. Uno de los primeros textos del mentado libro, hablaba sobre el cadáver de Arlt, que no lo pudieron sacar de su habitación pues su cuerpo era muy enorme. Bueno, en otro apartado de Formas Breves, Piglia relata cómo él que hace clases en Princeton, viajaba una vez al año a Argentina y se hospedaba en hoteles, donde descubría en los clósets cartas de enamorados, cartas que nunca llegaron a su destino. Entonces yo, temblando, sintiéndome como una puesta en abismo, caminé hacia el closet de mi habitación, libro en mano, y me dije ¿qué pasa si encuentro una carta de enamorados en algún rincón del mueble? Abrí las puertas, con el corazón palpitando… y por suerte no encontré nada. Al otro día, en la mañana, me puse a escribir una carta, de un señor llamado Pedro a una tal Nicole, donde le hablaba del infierno, de la soledad, de la risa, de los amigos, de la valentía, de la esperanza, de nuevo de la soledad, y al final se despedía, como tratando de decir que partía en ese mismo instante a otro país, al más allá, o qué se yo. Me dio mucha risa escribir esa carta falsa, pues antes de irme del lugar, dejé el papel metido en el clóset, y con cara de despreocupado cerré de golpe, y para siempre acaso, mi habitación. Quizás quién habrá abierto aquellos falsos (¿verdaderos?) sentimientos declarados.
Volviendo al tema de la destrucción de un ser humano, siempre que me preguntan cómo puedes destruir a un enemigo, o a alguien que te cae mal, entonces les digo en tono humorístico “¡pues encuéntrale una mujer, lo casas, y en una de esas oficias hasta de cura!” El casamiento es un mal endémico de toda sociedad cristiana y cristianizante, una constatación patética de una pareja que desesperadamente debe demostrar su amor al resto, y con el tiempo se comprueba que el 99,9% de los casados terminan cazados. Hunter and prey. Cazadores cazados. Diana y Acteón. Por eso yo amo la soltería, por eso admiro a hombres como Pessoa o como Arlt, que independientemente de si andaban de chiquillerías o no, eran seres toalmente autónomos, valientes, descarados, que trabajaban por el arte, por la palabra, por la creación.
No faltará quién diga que mi postura es descabellada, o pesimista. Claro, le diría yo, y eso no quita que me gustase tener a una compañera de verdad, pues detrás de una gran mujer hay un idiota, y detrás de un genio el vacío absoluto (Pablo Rumel Espinoza). Por eso es mejor irse de senda con alguien que tenga la suya propia, y que hombro con hombro te acompañe hasta el despeñadero final, o sea, hasta la morte. Creo en la monogamia como doctrina, como posibilidad, y creo además en una compañera de ruta, especie de Quijota y Sancha a la vez, que no sea ni guía ni camino, sencillamente una escudera cuando lo requiera, y una guerrera cuando también lo requiera (esto último no lo digo sin un toque de malicia y de sonrisa perversa en mi cara).
¿Y los infelizmente casados? La gente mal acompañada se idiotiza, se destruye espiritual y físicamente. Proceso lento a veces, o rápido y mortal, léase la biografía de F. Scott Fitzegerald. Más adelante hablaré sobre una señorita (ex polola) que estimo mucho, y sin caer en vulgaridades e infidencias, explicaré cómo fue el deterioro mental, los problemas al hígado, las crisis nerviosas, los ataques de pánico, las apneas del sueño, y no hablo de mí, hablo de los dos, que estábamos pegados como el cáncer, contaminados por metástasis, hasta que…. Queda para otra ocasión.
A lo que voy ahora, es que el embotamiento, la farra de uno mismo, el displacer y la cobardía de no saber y poder dejar a alguien (dejarlo no quiere decir necesariamente abandono, sino que incluso puede contener una promesa de amistad duradera) terminan con el embrutecimiento y las esperanzas póstumas del cambio. Porque así funciona esta máquina, al otro siempre se le encuentran defectos, redundando en una constante batalla por modificar o cambiarlo, a base de mentiras, traiciones, amenazas, sugerencias mal intencionadas, un infantilismo digno de compasión que hacer ver cosas como “estoy seguro que está mejorando” “va a cambiar sus hábitos alimenticios” “se está poniendo más gentil” "me escuchará cuando le hablo" "está madurando rápido" ¡ESO ES UNA MIERDA! La única conversión posible ocurre para uno mismo y no para agradar al otro. Y punto.
Pero al final casi siempre vence la cobardía, y serán pocos los que decidirán ir sin ataduras ni cargando cruces ajenas por la vida. ¿Qué pasaría si la gente leyese más a Schopenhauer, a Montaigne o a Séneca? (Nietzsche de lado por un tiempo, demasiado manoseado) Por nombrar a tres moralistas que siempre vivieron pendientes de las pasiones y las desgracias humanas, y que en cierta manera configuran el corazón de occidente y lo dotan de un espíritu, de un sentido crítico y a la vez práctico, que en oriente o en el mundo pagano nórdico se manifiesta más en símbolos o en enseñanzas orales.
Y acá viene un segundo corolario que quería desprender de esta digresión; la búsqueda desesperada (salvación) de muchas personas de raigambre occidental, en el ocultismo (esotérico) y en enseñanzas orientalistas (budismo, yoga, tai chi) donde tenemos a próceres literarios como Fernando Pessoa, Gabriela Mistral o Juan Emar, los cuales tuvieron tránsitos muy fuertes por ese mundo, pero independiente de si salieron fortalecidos o no de esa experiencia, yo quería citar una frase de Unamuno que siempre me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde que la leí:
“Todo es para nosotros libros, lectura; podemos hablar del Libro de la Historia, del Libro de la Naturaleza, del Libro del Universo. Somos bíblicos. Y podemos decir que en el principio fue el Libro. O la Historia. Porque Historia comienza con el libro y no con la palabra, y antes de la Historia del Libro, no había conciencia, no había espejo, no había nada. La prehistoria es la inconciencia, es la nada”
¿Qué es ese nosotros? ¿A qué se refiere con que antes del libro no hay nada? Tiene que ver con un pensamiento preservado en páginas y páginas, desde Grecia, Roma, pasando por la acuñación que realizó la Iglesia Católica con los libros. Estamos hablando de miles de años donde la oralidad pasa a ser materia de retórica o de divertimiento (fábulas, leyendas, mitos, cantos) y el conocimiento queda estancado, por decirlo de alguna manera, concentrándose en las escasas universidades, en las bibliotecas personales y en los monasterios. Con esta distinción no quiero hacer una lectura criminal del pensamiento oriental (si es que se puede llamar así a un conjunto de doctrinas muy variadas y diversas) si no que recalcar el hecho de que esas enseñanzas están fijadas bajo costumbres y lenguas distintas, por mucho que tengan el afán de universalismo, siguen pareciéndonos extrañas o incomprensibles, sencillamente porque han sido trasvasadas, o importadas con muchos siglos de retraso.
Conclusión 1: independiente de todas las filias y amabilidades que compartamos con oriente, no olvidemos que somos hijos de la retórica, de la guerra y de la poesía, las tres lanzas perfectas para lograr una determinación en esta vida, y no una constante impostura que rápidamente nos llevará a extinguirnos, como tristes y pobres malezas enhiestas.
Conclusión 2: y usted anónimo e hipotético lector, ¿a qué le tiene miedo? ¿A quién?¿ Qué hace por usted hoy, ahora?
(Pablo, Varia Invención, de Juan José Arreola)
Para conocer el mecanismo psicológico de la mujer, hay que tratar a muchas, y no elegir precisamente a las ingenuas para enamorarse, sino a las vivas, las astutas y las desvergonzadas, porque ellas son fuente de enseñanzas para un hombre sin experiencia.
( Aguafuertes porteñas, de Roberto Arlt)
Nadie a otro ama, sino que ama/ lo que de sí hay en él, o es supuesto./Nada te pese que no te amen. Te sienten/ quien eres, y eres extranjero./Procura ser quien eres, te amen o no./Firme contigo, sufrirás avaro/ de penas.
(Odas de Ricardo Reis, de Fernando Pessoa, el fragmento no lo recuerdo porque lo cito de memoria)
Siempre he encontrado a Roberto Arlt un tipo muy encachado, no sólo por su estatura y su pinta de tahúr, sino también porque siempre vivió soltero, además de que fue apostador, putero, borracho, periodista y escribía tan mal, que de lo puro mal escribía bien (basta con leer El juguete rabioso).
Recuerdo una anécdota, que no viene a cuento, pero me ocurrió hace tres años en Valparaíso, donde vivía con una pareja de filósofos y un gay no declarado. Este compadre, que le gustaba ir a visitarme a la pieza, más seguido que lo común, se sentaba en mi cama y comenzábamos muchas charlas sobre lo sagrado y lo profano. Una de esas tarde de coloquio, en la montonera de libros de mi velador, el mentado seño tomó el libro El juguete rabioso, y empezó a decirme algo así como: huuuu, ¿te gusta el juguete rabioso? Con una cara libidinosa que me turbó un poco, turbación que rompí con la siguiente frase: ¡claro! ¡Igual que tú! Y le hice un pato Yánez.
Otra talla me pasó en Argentina, en un hotel de Córdoba, pero esta fue un poco espeluznante. El libro que leía era Formas Breves, de Ricardo Piglia. Uno de los primeros textos del mentado libro, hablaba sobre el cadáver de Arlt, que no lo pudieron sacar de su habitación pues su cuerpo era muy enorme. Bueno, en otro apartado de Formas Breves, Piglia relata cómo él que hace clases en Princeton, viajaba una vez al año a Argentina y se hospedaba en hoteles, donde descubría en los clósets cartas de enamorados, cartas que nunca llegaron a su destino. Entonces yo, temblando, sintiéndome como una puesta en abismo, caminé hacia el closet de mi habitación, libro en mano, y me dije ¿qué pasa si encuentro una carta de enamorados en algún rincón del mueble? Abrí las puertas, con el corazón palpitando… y por suerte no encontré nada. Al otro día, en la mañana, me puse a escribir una carta, de un señor llamado Pedro a una tal Nicole, donde le hablaba del infierno, de la soledad, de la risa, de los amigos, de la valentía, de la esperanza, de nuevo de la soledad, y al final se despedía, como tratando de decir que partía en ese mismo instante a otro país, al más allá, o qué se yo. Me dio mucha risa escribir esa carta falsa, pues antes de irme del lugar, dejé el papel metido en el clóset, y con cara de despreocupado cerré de golpe, y para siempre acaso, mi habitación. Quizás quién habrá abierto aquellos falsos (¿verdaderos?) sentimientos declarados.
Volviendo al tema de la destrucción de un ser humano, siempre que me preguntan cómo puedes destruir a un enemigo, o a alguien que te cae mal, entonces les digo en tono humorístico “¡pues encuéntrale una mujer, lo casas, y en una de esas oficias hasta de cura!” El casamiento es un mal endémico de toda sociedad cristiana y cristianizante, una constatación patética de una pareja que desesperadamente debe demostrar su amor al resto, y con el tiempo se comprueba que el 99,9% de los casados terminan cazados. Hunter and prey. Cazadores cazados. Diana y Acteón. Por eso yo amo la soltería, por eso admiro a hombres como Pessoa o como Arlt, que independientemente de si andaban de chiquillerías o no, eran seres toalmente autónomos, valientes, descarados, que trabajaban por el arte, por la palabra, por la creación.
No faltará quién diga que mi postura es descabellada, o pesimista. Claro, le diría yo, y eso no quita que me gustase tener a una compañera de verdad, pues detrás de una gran mujer hay un idiota, y detrás de un genio el vacío absoluto (Pablo Rumel Espinoza). Por eso es mejor irse de senda con alguien que tenga la suya propia, y que hombro con hombro te acompañe hasta el despeñadero final, o sea, hasta la morte. Creo en la monogamia como doctrina, como posibilidad, y creo además en una compañera de ruta, especie de Quijota y Sancha a la vez, que no sea ni guía ni camino, sencillamente una escudera cuando lo requiera, y una guerrera cuando también lo requiera (esto último no lo digo sin un toque de malicia y de sonrisa perversa en mi cara).
¿Y los infelizmente casados? La gente mal acompañada se idiotiza, se destruye espiritual y físicamente. Proceso lento a veces, o rápido y mortal, léase la biografía de F. Scott Fitzegerald. Más adelante hablaré sobre una señorita (ex polola) que estimo mucho, y sin caer en vulgaridades e infidencias, explicaré cómo fue el deterioro mental, los problemas al hígado, las crisis nerviosas, los ataques de pánico, las apneas del sueño, y no hablo de mí, hablo de los dos, que estábamos pegados como el cáncer, contaminados por metástasis, hasta que…. Queda para otra ocasión.
A lo que voy ahora, es que el embotamiento, la farra de uno mismo, el displacer y la cobardía de no saber y poder dejar a alguien (dejarlo no quiere decir necesariamente abandono, sino que incluso puede contener una promesa de amistad duradera) terminan con el embrutecimiento y las esperanzas póstumas del cambio. Porque así funciona esta máquina, al otro siempre se le encuentran defectos, redundando en una constante batalla por modificar o cambiarlo, a base de mentiras, traiciones, amenazas, sugerencias mal intencionadas, un infantilismo digno de compasión que hacer ver cosas como “estoy seguro que está mejorando” “va a cambiar sus hábitos alimenticios” “se está poniendo más gentil” "me escuchará cuando le hablo" "está madurando rápido" ¡ESO ES UNA MIERDA! La única conversión posible ocurre para uno mismo y no para agradar al otro. Y punto.
Pero al final casi siempre vence la cobardía, y serán pocos los que decidirán ir sin ataduras ni cargando cruces ajenas por la vida. ¿Qué pasaría si la gente leyese más a Schopenhauer, a Montaigne o a Séneca? (Nietzsche de lado por un tiempo, demasiado manoseado) Por nombrar a tres moralistas que siempre vivieron pendientes de las pasiones y las desgracias humanas, y que en cierta manera configuran el corazón de occidente y lo dotan de un espíritu, de un sentido crítico y a la vez práctico, que en oriente o en el mundo pagano nórdico se manifiesta más en símbolos o en enseñanzas orales.
Y acá viene un segundo corolario que quería desprender de esta digresión; la búsqueda desesperada (salvación) de muchas personas de raigambre occidental, en el ocultismo (esotérico) y en enseñanzas orientalistas (budismo, yoga, tai chi) donde tenemos a próceres literarios como Fernando Pessoa, Gabriela Mistral o Juan Emar, los cuales tuvieron tránsitos muy fuertes por ese mundo, pero independiente de si salieron fortalecidos o no de esa experiencia, yo quería citar una frase de Unamuno que siempre me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde que la leí:
“Todo es para nosotros libros, lectura; podemos hablar del Libro de la Historia, del Libro de la Naturaleza, del Libro del Universo. Somos bíblicos. Y podemos decir que en el principio fue el Libro. O la Historia. Porque Historia comienza con el libro y no con la palabra, y antes de la Historia del Libro, no había conciencia, no había espejo, no había nada. La prehistoria es la inconciencia, es la nada”
¿Qué es ese nosotros? ¿A qué se refiere con que antes del libro no hay nada? Tiene que ver con un pensamiento preservado en páginas y páginas, desde Grecia, Roma, pasando por la acuñación que realizó la Iglesia Católica con los libros. Estamos hablando de miles de años donde la oralidad pasa a ser materia de retórica o de divertimiento (fábulas, leyendas, mitos, cantos) y el conocimiento queda estancado, por decirlo de alguna manera, concentrándose en las escasas universidades, en las bibliotecas personales y en los monasterios. Con esta distinción no quiero hacer una lectura criminal del pensamiento oriental (si es que se puede llamar así a un conjunto de doctrinas muy variadas y diversas) si no que recalcar el hecho de que esas enseñanzas están fijadas bajo costumbres y lenguas distintas, por mucho que tengan el afán de universalismo, siguen pareciéndonos extrañas o incomprensibles, sencillamente porque han sido trasvasadas, o importadas con muchos siglos de retraso.
Conclusión 1: independiente de todas las filias y amabilidades que compartamos con oriente, no olvidemos que somos hijos de la retórica, de la guerra y de la poesía, las tres lanzas perfectas para lograr una determinación en esta vida, y no una constante impostura que rápidamente nos llevará a extinguirnos, como tristes y pobres malezas enhiestas.
Conclusión 2: y usted anónimo e hipotético lector, ¿a qué le tiene miedo? ¿A quién?¿ Qué hace por usted hoy, ahora?
----
viernes, 18 de enero de 2008
LA RELIGIÓN ES EL CORAZÓN DE UN MUNDO SIN CORAZÓN

Quien posee el arte y la ciencia/ tiene también la religión./Pero quien no los posee:/que tenga la religión. (J.W. Goethe)
Es una actitud muy posmoderna (pero antiquísima) negar la existencia de Dios, como si dijéramos tal cosa no existe porque soy un ser completamente autónomo o qué se yo. Una salida más elegante es de corte budista, y es pensar en la inutilidad de reflexionar en un algo que nos sobrepasa, algo que puede o no puede estar. Nietzsche, y sus buenos lectores, entendieron que el Dios muerto era el Dios cristiano, el cual por medio de sus profetas (Jesús el predilecto, o el Hijo, para el catolicismo principalmente) imponía una moral imposible de sobrellevar, un mensaje fraterno farsante o absurdo de cumplir por los fieles, que se fueron multiplicando a través de la historia, hasta oficializarse en la Iglesia Católica Apostólica Romana.
En eso estamos totalmente de acuerdo, en que el proselitismo patea, en que la religión institucionalizada suele ser casi siempre una cagada, y sobre el tema de Dios, yo, desde una posición totalmente desconcertada, nunca he sabido si Dios o dios existe. No podría negarlo ni refutarlo, aunque me entretengo citando a San Agustín, a Spinoza, a Unamuno y también al iluminado P.K. Dick, que siempre es muy chistoso de comentar y parafrasear a la hora de “tomar partido” en los candentes temas teológicos.
¿Por qué a la gente le carga que uno cite? si citar es precioso (Pablo Rumel Espinoza) Pero esa es otra digresión que retomaré en otra ocasión, para que los envidiosos desmemoriados lectores que tengo, la lean con atención.
Un relato religioso
Recuerdo que cierto día, una estudiante gringa de intercambio muy buena moza, se me acercó mientras esperaba sentado no sé qué clase en un pasillo, y me preguntó que qué leía. No recuerdo el libro, pero recuerdo que después me preguntó si yo tenía una religión. Prendiendo un cigarrillo, y sin mirarla le dije: ¡pero claro! Mi religión son las mujeres, la música y la literatura. La simpática se entusiasmó con mi frase y la anotó en un cuadernito que llevaba. Empezamos a hablar de poesía, y yo en ese momento me paré nervioso pues un tufillo con olor a mierda venía de mi cuerpo, y claro, era una cagada de perro sarnoso en mi bototo militar, así es que disimulando le dije que camináramos. Animosa, me comentó que le gustaba a Nicanor Parra y toda la generación beat, con la cual nunca he comulgado mucho, pero sí con el gran mariconazo de Ginsberg, el arquetípico gay, gran ausente (hasta ahora) de nuestra generación de pendejoides electrónicos.
Caminábamos ya por la Avenida Playa Ancha, cuando mi amigo Fernando Losario (a.k.a) Cinturón Negro, salió corriendo detrás de nosotros, y mirando mi lascivia en mis ojos me dijo, ¡qué se la pasen bien! Y me guiñó un ojo, como diciéndome que usara condón. Lo que nunca le pude explicar, y espero que lo lea ahora, era que esa calentura de espíritu la llevaba en mi cara por los temas que discutía con la gringa, y no con el fin de tumbarla desnuda contra el colchón y hacerla morder la almohada, pues no se necesita hablar de poesía o de temas elevados con alguna dama para llevársela a la folladura. Ese trabajo se la dejo a los “verdaderos poetas que escriben para engalanar” y no para establecer un entretenido coloquio bajando y subiendo por las calles, con amigos invisibles y desconocidos viajando en trenes al sur, como diría de forma más poética Teillier.
Paseamos por la avenida Amunátegui, pues ella iba a visitar a su pololo que vivía en Viña, pero que por amables circunstancias no lo hizo y quedamos encadenados conversando, aplazando el encuentro con el susodicho que tuve la fortuna de no conocer, pues por la somera descripción que me dio, quedé convencido de que se trataba de un autómata sin alma, y no de esos hombres raros que llevan un huracán en el corazón, esos artistas con una religión sin nombre que nombra además a todas las cosas del mundo de maneras ingeniosas.
No sé en qué momento me invitó a un café burgués, cosa que no decliné sólo para complacer su amabilidad. Recuerdo sus ojos azules, su mentón norteamericano de factura, su cuerpo pequeñito, pero sobre todo su brillo en el rostro, su deseo por conocer poetas y escritores chilenos, saber que delante de sí tenía a un compadre sencillo que se había formado leyendo poesía, la religión con la cual siempre ha comulgado (es raro hablar de uno en tercera persona, pero sólo lo hago por fines retóricos nada más, como lo solía hacer a la antigua usanza en mi blog http://www.digresivo.blogspot.com/)
Yo también estaba fascinado con ella, pues en un momento, caminado nuevamente por la calle, se puso a recitar, casi aullando como una gringa loca y entusiasmada, el Aullido (Howl) in english, ciertos versos que no puedo recordar, pues me dejé llevar más por la música de su fonética que por las palabras mismas. ¿Qué más decir sobre aquello? Era como celebrar misa en las calles laterales y diagonales, subiendo por un pequeño pasaje que queda justo detrás del detestable y asqueroso reloj de flores. Ahí nos detuvimos, y mirando desde lo alto la mejor cara de Viña (la antigua, la que aún posee esa belleza de antaño, la de calles con nombres alemanes e ingleses y no coordenadas nortes para enfermos mentales) me dijo que amaba a Valparaíso y que ella no se consideraba estadounidense, sino que porteña y neoyorquina.
Me dieron ganas de abrazarla y besarla en ese momento, pero como soy respetuoso, lo hice de pensamiento y le recité de memoria Carta a Huidobro, de Gonzalo Rojas. Ella, mirándome con sus ojos cristalinos a punto de romperse, esbozó una sonrisa honesta y nos prometimos que algún día estaríamos juntos paseando por NY y hablando en inglés, pues considero snobista y de mal gusto hablar inglés en Chile. Así es que ella me hablaba en inglés y yo le respondía en español, para que pudiera perfeccionar con mayor sutileza la lengua castellana y yo la inglesa.
De ella nunca más supe, sólo quedó su nombre, la dirección de su correo, un par de mails enviados que nunca me respondió, y una invitación a un congreso en la Sebastiana sobre el Quijote y sus cuatro siglos. Ella nunca más se manifestó, pero tengo buena memoria y sigo recordándola como si fuera ayer. Además de eso, tengo en mi corazón la mejor religión que pudo haber inventado la humanidad.
Es una actitud muy posmoderna (pero antiquísima) negar la existencia de Dios, como si dijéramos tal cosa no existe porque soy un ser completamente autónomo o qué se yo. Una salida más elegante es de corte budista, y es pensar en la inutilidad de reflexionar en un algo que nos sobrepasa, algo que puede o no puede estar. Nietzsche, y sus buenos lectores, entendieron que el Dios muerto era el Dios cristiano, el cual por medio de sus profetas (Jesús el predilecto, o el Hijo, para el catolicismo principalmente) imponía una moral imposible de sobrellevar, un mensaje fraterno farsante o absurdo de cumplir por los fieles, que se fueron multiplicando a través de la historia, hasta oficializarse en la Iglesia Católica Apostólica Romana.
En eso estamos totalmente de acuerdo, en que el proselitismo patea, en que la religión institucionalizada suele ser casi siempre una cagada, y sobre el tema de Dios, yo, desde una posición totalmente desconcertada, nunca he sabido si Dios o dios existe. No podría negarlo ni refutarlo, aunque me entretengo citando a San Agustín, a Spinoza, a Unamuno y también al iluminado P.K. Dick, que siempre es muy chistoso de comentar y parafrasear a la hora de “tomar partido” en los candentes temas teológicos.
¿Por qué a la gente le carga que uno cite? si citar es precioso (Pablo Rumel Espinoza) Pero esa es otra digresión que retomaré en otra ocasión, para que los envidiosos desmemoriados lectores que tengo, la lean con atención.
Un relato religioso
Recuerdo que cierto día, una estudiante gringa de intercambio muy buena moza, se me acercó mientras esperaba sentado no sé qué clase en un pasillo, y me preguntó que qué leía. No recuerdo el libro, pero recuerdo que después me preguntó si yo tenía una religión. Prendiendo un cigarrillo, y sin mirarla le dije: ¡pero claro! Mi religión son las mujeres, la música y la literatura. La simpática se entusiasmó con mi frase y la anotó en un cuadernito que llevaba. Empezamos a hablar de poesía, y yo en ese momento me paré nervioso pues un tufillo con olor a mierda venía de mi cuerpo, y claro, era una cagada de perro sarnoso en mi bototo militar, así es que disimulando le dije que camináramos. Animosa, me comentó que le gustaba a Nicanor Parra y toda la generación beat, con la cual nunca he comulgado mucho, pero sí con el gran mariconazo de Ginsberg, el arquetípico gay, gran ausente (hasta ahora) de nuestra generación de pendejoides electrónicos.
Caminábamos ya por la Avenida Playa Ancha, cuando mi amigo Fernando Losario (a.k.a) Cinturón Negro, salió corriendo detrás de nosotros, y mirando mi lascivia en mis ojos me dijo, ¡qué se la pasen bien! Y me guiñó un ojo, como diciéndome que usara condón. Lo que nunca le pude explicar, y espero que lo lea ahora, era que esa calentura de espíritu la llevaba en mi cara por los temas que discutía con la gringa, y no con el fin de tumbarla desnuda contra el colchón y hacerla morder la almohada, pues no se necesita hablar de poesía o de temas elevados con alguna dama para llevársela a la folladura. Ese trabajo se la dejo a los “verdaderos poetas que escriben para engalanar” y no para establecer un entretenido coloquio bajando y subiendo por las calles, con amigos invisibles y desconocidos viajando en trenes al sur, como diría de forma más poética Teillier.
Paseamos por la avenida Amunátegui, pues ella iba a visitar a su pololo que vivía en Viña, pero que por amables circunstancias no lo hizo y quedamos encadenados conversando, aplazando el encuentro con el susodicho que tuve la fortuna de no conocer, pues por la somera descripción que me dio, quedé convencido de que se trataba de un autómata sin alma, y no de esos hombres raros que llevan un huracán en el corazón, esos artistas con una religión sin nombre que nombra además a todas las cosas del mundo de maneras ingeniosas.
No sé en qué momento me invitó a un café burgués, cosa que no decliné sólo para complacer su amabilidad. Recuerdo sus ojos azules, su mentón norteamericano de factura, su cuerpo pequeñito, pero sobre todo su brillo en el rostro, su deseo por conocer poetas y escritores chilenos, saber que delante de sí tenía a un compadre sencillo que se había formado leyendo poesía, la religión con la cual siempre ha comulgado (es raro hablar de uno en tercera persona, pero sólo lo hago por fines retóricos nada más, como lo solía hacer a la antigua usanza en mi blog http://www.digresivo.blogspot.com/)
Yo también estaba fascinado con ella, pues en un momento, caminado nuevamente por la calle, se puso a recitar, casi aullando como una gringa loca y entusiasmada, el Aullido (Howl) in english, ciertos versos que no puedo recordar, pues me dejé llevar más por la música de su fonética que por las palabras mismas. ¿Qué más decir sobre aquello? Era como celebrar misa en las calles laterales y diagonales, subiendo por un pequeño pasaje que queda justo detrás del detestable y asqueroso reloj de flores. Ahí nos detuvimos, y mirando desde lo alto la mejor cara de Viña (la antigua, la que aún posee esa belleza de antaño, la de calles con nombres alemanes e ingleses y no coordenadas nortes para enfermos mentales) me dijo que amaba a Valparaíso y que ella no se consideraba estadounidense, sino que porteña y neoyorquina.
Me dieron ganas de abrazarla y besarla en ese momento, pero como soy respetuoso, lo hice de pensamiento y le recité de memoria Carta a Huidobro, de Gonzalo Rojas. Ella, mirándome con sus ojos cristalinos a punto de romperse, esbozó una sonrisa honesta y nos prometimos que algún día estaríamos juntos paseando por NY y hablando en inglés, pues considero snobista y de mal gusto hablar inglés en Chile. Así es que ella me hablaba en inglés y yo le respondía en español, para que pudiera perfeccionar con mayor sutileza la lengua castellana y yo la inglesa.
De ella nunca más supe, sólo quedó su nombre, la dirección de su correo, un par de mails enviados que nunca me respondió, y una invitación a un congreso en la Sebastiana sobre el Quijote y sus cuatro siglos. Ella nunca más se manifestó, pero tengo buena memoria y sigo recordándola como si fuera ayer. Además de eso, tengo en mi corazón la mejor religión que pudo haber inventado la humanidad.
¡Música Maestro!
sábado, 12 de enero de 2008
LA FLOR DE LOTO

DE Y PARA LOS VERDADEROS HÉROES DEL SILENCIO
Nunca fue tan breve una despedida
nunca me creí que fuera definitiva
nunca quise tanto a nadie en mi vida
nunca a un ser extraño le llamé mi familia
Nunca tuve fe en mi filosofía
nunca tuve yo ni gurú ni guía
nunca desprecié una causa perdida
nunca negaré que son mis favoritas
Esta es mi flor de loto
y yo era su sombra
esta es mi flor de loto
mi mundo no se aclarará
tanto vagar para no conservar
nunca nada
Nunca una llama permanece encendida
nunca aguanté su calor
nunca más, nunca más
de un día
nunca desprecié ser un alma invadida
hasta que vi frente a mí por quién yo moriría.
Esta es Nuestra flor de loto
y Nosotros éramos su sombra
esta es Nuestra flor de loto
Nuestro mundo no se aclarará
tanto vagar para no conservar
nunca nada
Querrás Tú rectificar
las líneas de mis manos
¿quién esparcirá al azar los posos del café?
¿Y qué decía la bola de cristal (y los dados)
cuando echó a rodar?
Bunbury y compañía.
Los héroez reviven cabronez!!!!!!
DEZDE EZPAÑA, PARA UZD.
Y ahora, para escuchar ;)
martes, 8 de enero de 2008
El lamento del vampiro: Claudio Maldado (02)

Los chilenos somos los nuevos ingleses de Sudamérica
Países griegos y romanos, países nórdicos y alemanes, países chinos y japoneses, países indios y árabes, países del soviet y la venganza, países del infierno, países falsos, países desaparecidos y barridos por la arena, les digo:
Miren a Chile (Raúl Zurita, poema inédito)
Los chilenos somos los ingleses de Sudamérica;
no
somos los potenciales ingleses
para ello
nos falta el coraje de Lautaro
y la elegancia y la hospitalidad
del huaso chileno.
Los peruanos son los más dotados
eso bien lo saben las danesas y las checas
que los convierten en sus chulos
todos vestidos de blanco y en terraza
tomando el sol de un cielo exagerado
y frío.
Los argentinos son los Atenas de la narrativa
(la poesía la han perdido)
españoles e italianos
hicieron del juego digresivo
Un gran poema narrativo.
Y Colombia selva negra
se revienta enculadando el Uzi
se revuelca rizada de pibes
blanca loca es su pobre estado mental;
por allá está el llanero solitario
enfundado y mal dado
como mono vestido de brin.
Venezuela se viste de verde
celebrando una folla en Irán
y un socialismo asesino y corruptor.
Los uruguayos son muy pocos
ganaron el mundial de fútbol
Y nos legaron a esos tres
que ahora usted busca
don R.R;
La trinidad azulada y estelar:
el nuevo canon proclamado
de la literatura del XXI
Horacio Quiroga;
Marosa di Giorgio;
Felisberto Hernández.
domingo, 6 de enero de 2008
La vértebra de la anti-musa: Nathalia Toro (DE NIÑO NO TENGO FOTOS)
.jpg)
Para la niña de la pastilla azul
En algún momento fuimos a los juegos, mi madre me compró un helado de naranja, una banda toca un poco más allá en una especie de escenario, corrí, subí a un caracol azul escalera espiral de fierro, mi mamá me miraba con preocupación, subo, bajo, salto, así unos instantes, vuelvo con mi madre y le pido mis camiones, juego en la tierra con una niña cara pintada con moño sobre su cabeza, luego ella se va en un tren y yo vuelvo al caracol, me siento en su cabeza, me afirmo de sus cachos, mi madre me mira y le pido que me baje, luego deshacemos burbujas con otros niños, corro, río, grito, hasta que comienza a oscurecer. Camino de la mano de mi madre, nos subimos a una micro y nos bajamos más allá, vamos por la vereda y ya está oscuro, en la casa tomo agua y mi mamá me baña, me lee un cuento, me hace dormir.
Despierto en la mañana, no sé si es sueño o recuerdo, de niño no tengo fotos…
+ +
+
Y en azul, también : http://storytelling-malcontenta.blogspot.com/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
