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martes, 8 de enero de 2008

El lamento del vampiro: Claudio Maldado (02)



Los chilenos somos los nuevos ingleses de Sudamérica


Países griegos y romanos, países nórdicos y alemanes, países chinos y japoneses, países indios y árabes, países del soviet y la venganza, países del infierno, países falsos, países desaparecidos y barridos por la arena, les digo:

Miren a Chile (Raúl Zurita, poema inédito)





Los chilenos somos los ingleses de Sudamérica;
no
somos los potenciales ingleses
para ello
nos falta el coraje de Lautaro
y la elegancia y la hospitalidad
del huaso chileno.
Los peruanos son los más dotados
eso bien lo saben las danesas y las checas
que los convierten en sus chulos
todos vestidos de blanco y en terraza
tomando el sol de un cielo exagerado
y frío.
Los argentinos son los Atenas de la narrativa
(la poesía la han perdido)
españoles e italianos
hicieron del juego digresivo
Un gran poema narrativo.
Y Colombia selva negra
se revienta enculadando el Uzi
se revuelca rizada de pibes
blanca loca es su pobre estado mental;
por allá está el llanero solitario
enfundado y mal dado
como mono vestido de brin.
Venezuela se viste de verde
celebrando una folla en Irán
y un socialismo asesino y corruptor.
Los uruguayos son muy pocos
ganaron el mundial de fútbol
Y nos legaron a esos tres
que ahora usted busca
don R.R;
La trinidad azulada y estelar:
el nuevo canon proclamado
de la literatura del XXI
Horacio Quiroga;
Marosa di Giorgio;
Felisberto Hernández.

domingo, 6 de enero de 2008

La vértebra de la anti-musa: Nathalia Toro (DE NIÑO NO TENGO FOTOS)


Para la niña de la pastilla azul

En algún momento fuimos a los juegos, mi madre me compró un helado de naranja, una banda toca un poco más allá en una especie de escenario, corrí, subí a un caracol azul escalera espiral de fierro, mi mamá me miraba con preocupación, subo, bajo, salto, así unos instantes, vuelvo con mi madre y le pido mis camiones, juego en la tierra con una niña cara pintada con moño sobre su cabeza, luego ella se va en un tren y yo vuelvo al caracol, me siento en su cabeza, me afirmo de sus cachos, mi madre me mira y le pido que me baje, luego deshacemos burbujas con otros niños, corro, río, grito, hasta que comienza a oscurecer. Camino de la mano de mi madre, nos subimos a una micro y nos bajamos más allá, vamos por la vereda y ya está oscuro, en la casa tomo agua y mi mamá me baña, me lee un cuento, me hace dormir.
Despierto en la mañana, no sé si es sueño o recuerdo, de niño no tengo fotos…
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viernes, 4 de enero de 2008

El lamento del vampiro: Claudio Maldado (01)


Presentación de la nueva sección Novela eres tú. Pues bien, hipotéticos lectores, se trata de una columna escrita por ustedes. ¿Cómo hacerlo? A continuación les doy las tres reglas de oro para participar:

Regla 1: Colaborar es gratis. Sólo podrá hacerlo cualquier persona que NO figure en los enlaces de este blog.
Regla 2: Colaborar es caro. Primero debe volarle los sesos a la envidia y limpiar el arma con pudor.
Regla 3: Las dos reglas anteriores quedan invalidadas, si se le da un buen argumento al autor de este blog.

Ahora, a lo nuestro.-

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A los dos lados del camino, la Foresta de Marchenoir hacía de la guerra y del desquicio un canto vasto y reflexivo a la locura. (Claudio Maldado, del libro inédito, el lamento del demonio.)
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Vosotros, todos vosotros, toda esa carne que en la calle se apila, sois para mí, alimento (El Lamento del Vampiro, Leopoldo María Panero.)
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Cuando sonríe deja entrever dos afilados dientes de vampiro. No es un hombre afortunado en lo físico, pero él siempre ha tratado de compensar su monstruosidad con una constante exhibición de buenas maneras y con su infinita paciencia y bondad. (El vampiro enamorado, E. Vila-Matas.)
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Me despacharon del Círculo de los Escritores Demoniacos Circuncisos (CED, de ahora en adelante), sólo por renegar de ciertas actitudes groseramente hebraicas representadas en textos borgeanos, shakesperianos y otros que también pasan bajo el influjo del mariconazo de Fajin (Oliveria Twist).

Y me han lanzado a este horroroso sitio eriazo, donde no me queda más que reconstruir mis ropajes y contar historias de lo que fue mi estancia en el mentado Círculo y también los avatares en esta nueva cancha, aventuras que cuentan ya con unos considerables treinta años.

Producto de la poca costumbre de estar entre tanta carne (los CED sólo cierran filas cuando alguna genialidad les irrita), yo, el Demonio de Circunciso, hace poco más de un tiempo he tenido un fallo en los impulsos de mi corazón, fallo en los impulsos de mi corazón, cosa mala que me tuvo navegando en los más profundos vericuetos de la imaginación: durante la catarsis del “me voy o me quedo” soñé con haitianos macumberos que me lanzaban bocanadas gigantescas de sus pitos de mota en plena cara (mi espejo cubierto de estrellitas que desintegrando todo el material visto por un sueño intraterrestre); soñé que caminaba en bolas protegido por una caja de Drive o de Omo gigante.

También soñé lo que siempre quiero olvidar: los motivos del despojo del Círculo. Soñé corriendo por unos campos de concentración selenitas, donde de preso pasaba a carcelero, de alambrada mutaba a una letrina, de esperanza deslizábame a la locura.

Hoy trato de volver a tejer los hilos de mi corazón, y no he perdido la escasa memoria, a pesar de cohabitar en una tierra donde el olvido es la puta de un humor aún no habitado en la historias. Vivo en una casa de madera, tomo pentotal (Tiopentato de Sodio) e intento sumergirme en el parnaso de la contemplación activa.

Tomando una daga, me escribo en mis espaldas, con la carne viva de furia: "Esto lo puede sanar, esto lo puede escribir, esto lo puede leer, esto lo puede asentar en la espesura del gran bosque de la letra imaginada".

Sangro.